En
diversas ocasiones suelo creer que soy feliz, sobre todo en aquellos momentos que
paso con mis amigos, en los que los vivimos riéndonos a carcajadas e, incluso, termino cubriéndome la boca de la
intensidad con la que lo hago al estar presente en alguna broma.
Pero desafortunadamente
empiezan a transcurrir las horas, el día comienza a convertirse
Llego a mi cama, me
acuesto, veo el techo y contemplo la “tranquilidad” de la oscuridad mientras
los cigarrillos se consumen y pienso en la gran cantidad de cosas que desearía
expresar, y en otras tantas que tengo temor de aceptar.
Como
esa lucha constante contra el tiempo, contra los terribles hábitos de difuminar
mi presente y el futuro con pensamientos impregnados de melancolía del pasado.
Y es
justo en la noche, en donde en medio de tantos vagos y confusos pensamientos, en
que me doy cuenta de que soy varias personas en una, soy miedo y valentía al
mismo tiempo, soy sentimientos encontrados, soy retraído y extrovertido, soy
rebelde y pacífico en un momento.
Pero
ante todo, concluyo que por dentro realmente me encuentro vacío, intentando buscar
la felicidad en algo material, dejando de lado lo que es vivir para mantenerme
cómodo en la soledad y la paz que existe dentro de todo este inmenso caos.
Y aunque conozco la
solución, prefiero evitarla y continuar con el sentimiento de que en este
momento nadie puede cambiar eso, ni siquiera yo. Simplemente porque me permite volar.
Víctor
Manuel Chávez García
WOW todo un escritor, me gustó tu post, no estes triste si te sientes mal busca terapia, la gente no tiene porque influir en ti sólo tu, has lo que tengas que hacer y no permitas que tu mundo sea gris.
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