En Indonesia
existe una aldea llamada Baruppu, cuyos habitantes pertenecen a la etnia toroja
y conviven con la muerte desde que nacen. Una de sus tradiciones más antiguas
es el festival Ma'nene que significa “ancestros” y “abuelos” y se celebra el 23
de agosto; cuando pasan tres años del fallecimiento de alguien, los habitantes
sacan a los cadáveres de sus tumbas y les cambian la ropa y los pasean mientras
conviven con ellos. Para los toroja los muertos son muy importantes y esta tradición no es oscura, sino una celebración de la
vida de los difuntos y un oportunidad para presentarles respeto y cariño.
Según
los toraja una persona no se considera muerta hasta que no se ha celebrado su
funeral. Las ceremonias funerarias suelen ser muy caras por lo que, en muchas
ocasiones, las familias deben de esperar semanas y hasta meses para conseguir
el dinero necesario para su celebración, tal y como estipula la tradición. Al
morir el cuerpo se embalsama y se le coloca al lado de la casa en un tongkonan,
que es una casa parecida a un barco, donde se le considera “enfermo” y se le
visita y alimenta durante el tiempo necesario.
De acuerdo a las
creencias de toraja, el espíritu de una persona muerta debe regresar a su
pueblo de origen. Así que si una persona murió en un viaje, la familia va al
lugar de la muerte.
En el viaje al más allá el búfalo acompaña al difunto en su viaje, por
ello en las ceremonias se le exhibe, y se le sacrifica para que facilite y
ayude en el camino al Más allá. Los funerales se celebran durante una semana y
a ellos acuden familiares, amigos. Para recibir a los invitados que pueden ser
cientos, se preparan banquetes y se sacrifican cerdos y búfalos hiriéndoles fuertemente en el cuello hasta que se desangran. Se
sacrifican más o menos búfalos dependiendo de la posición económica del
difunto. De todos los búfalos el más caro y valorado es el búfalo albino, un
animal escaso y que solamente se sacrifica en funerales importantes.
Rogelio Olmos Caballero
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