Hoy en día contamos con
una gran variedad de productos de belleza para vernos mejor, sin embargo, en la
antigüedad las mujeres llegaban a los extremos para verse hermosas, incluso poniendo
en riesgo su vida para lograrlo.
Los tratamientos de
belleza eran famosos en la antigüedad debido a las técnicas raras que empleaban.
Las mujeres egipcias delineaban sus ojos con kohl, una mezcla de hollín y galena (sulfuro de plomo). En un principio su aplicación era para proteger los parpados de la luz del sol, algunas madres se lo aplicaban a sus bebes recién nacidos para fortalecerlos e, incluso, los egipcios creían que era una protección de los dioses, pero al parecer no los protegía muy bien porque la exposición al plomo puede provocar ataques, coma y la muerte.
La
belleza de Cleopatra dejó una huella, esta faraona se preocupaba por su aspecto
como toda mujer, sin embargo, no contaba con maquillajes como tú tienes ahora.
Pero se las ingeniaba para
tener unos labios rojos lindos y sensuales, para lo cual se
ponía una mezcla de hormigas, sangre de
escarabajo y cera de abejas. Otro labial casero muy popular, también usado por
Cleopatra, era mezclar bromo mannite, henna, algas marinas, yodo, arcilla
roja y óxido de hierro. El bromo mannite es venenoso.
Hoy
en día la depilación es algo muy común entre la mayoría de las mujeres y algunos
hombres, es un proceso un poco doloroso, pero durante
el Renacimiento, las mujeres usaban cremas depilatorias hechas de cal viva y
arsénico. En 1940 por la escasez
para depilarse las mujeres utilizaban lijas para levantarse los vellos incrustados y
retirarlos, esto era económico, pero muy doloroso.
La reina Elizabeth y su extraña forma de teñir
su cabello pelirrojo, como no había tintes como los que actualmente encuentras
en cualquier lado, a ella le fabricaban su propio tinte usando plomo, cal,
azufre y agua, con todos estos ingredientes lograban el tono perfecto para que la
reina luciera una cabellera pelirroja, pero esto le causaba náuseas, sangrado
de nariz y dolores de cabeza.
En
la época de María Antonieta las pelucas eran necesarias para ser bien vistos en
la alta sociedad, tanto hombres como mujeres las utilizaban y competían por sus
diseños, una más grande que la otra y mientras más elaboradas eran mejor, pero
el verdadero problema era que para poder mantener la peluca en su sitio
correcto se usaba manteca de cerdo, pero eso atraía a las ratas y esto se
volvió un problema tan grande que algunas mujeres tenían que dejar sus pelucas
enjauladas, mientras dormían para mantener a las ratas alejadas. Y si eso les
dio asco, no se imaginan lo que hacían las mujeres en el siglo XIX, en Inglaterra, para poblar las cejas quitaban parte de la piel
de las ratas para luego pegarlas en sus cejas y llenar los espacios sin vello.
Los
avances de la industria cosmética no se detienen y qué bueno, porque podemos
encontrar millones de opciones para vernos bien sin arriesgar nuestra salud.
Rogelio Olmos Caballero




Muy interesante artículo. No me gusto mucho la parte de las ratas
ResponderBorrarGracias por tu comentario
Borrarmmmm creo que prefiero quedarme así como estoy sin cejas antes de ir cazando ratas por ahí...
ResponderBorrarGracias por tu comentario
BorrarDeja lo de cazar las ratas, ya que tienes una ¡¿qué haces?! Primero hay que matarla, despellejarla y seguir algún tipo de procedimiento para que la piel donde están los pelos no se pudra, o de menos, arrancarle los pelos y ver cómo te los pegas en las cejas :(
ResponderBorrarGracias por tu comentario
BorrarQue interesante :O
ResponderBorrarGracias
BorrarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarGuacala, si tuvieras que ponerte pelos de otra cosa de que te pondrías, yo le quito a mi novia los de su puvis antes que ponerme los de una rata, Viva el lesbianismo!
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