Esta es una historia real, le
paso a la amiga de un amigo. Su nombre era Aisha, no solo era la chica más
bonita de la secundaria, también era la novia del chico más popular del colegio
y tenía una posición económica que le proporcionaba todas las ventajas,
accesorios, ropa, y posibilidades que cualquier chica de su edad desearía
tener, era la envidia de todas las compañeras de su generación y a pesar de ser
odiada, cualquiera mataría por pasar la tarde con ella, comprando ropa,
visitando tiendas, restaurantes, paseando en su automóvil y conociendo chicos.
La vida de Aisha era perfecta, o
al menos era así como la percibían todos a su alrededor. Sin embargo, Aisha sufría
un trastorno emocional grave, no podía sentir amor hacia ella misma, sabía que
todos los chicos que se le acercaban era solamente para poder presumirla como
un trofeo que pocos lograban alcanzar o peor aún, para poder acostarse con
ella, las chicas que se acercaban a ella no buscaban entablar un lazo de
fraternidad, buscaban gozar de los privilegios que el estar junto a Aisha les
otorgaba. Esto provocaba en ella algo parecido a una anorexia emocional, no sabía
expresar sus sentimientos, no sabía amar, no sabía cuándo era verdaderamente
amada y cuando se estaban aprovechando de ella, en consecuencia, tenía
altibajos de humor cada vez más violentos.
Así pasó la secundaria y más
tarde la preparatoria, sin tener variación en su estilo de vida, la única
diferencia radicaba en que entre más pasaba el tiempo, Aisha perdía interés en
poder establecer una conexión emocional con alguien ya que ni en su núcleo
familiar pudo nunca encontrar ese sentimiento de pertenencia o de sentirse
importante para alguien más allá de su apariencia física o sus posesiones
materiales. Como consecuencia, las relaciones amorosas de Aisha, más que
amorosas eran válvulas de escape que poco a poco fueron reduciéndose a sesiones
de sexo ocasional, una más vacía que la anterior, una más denigrante que la
anterior. Paso de ser la chica “quiero ser como ella” a la zorra cogida por
todos los penes que la rodeaban, la cosa es que la realidad no estaba muy
apartada de los chismes que se desataban en torno a ella. Se decían tantas
cosas que al principio se encerraba por días en su casa llorando y consumiendo
estimulantes tratando de encontrar la respuesta o la cura de sus pesares. ¿Es
muy obvio cuando lo vemos desde lejos, cierto? Pero para la pobre chica estar
dentro de esa tormenta le impedia visualizar el camino de vuelta. -Al menos
sigo siendo bella – Se repetía mientras se maquillaba frente al espejo,
dispuesta a salir y tratar de tomar las riendas de su vida, una vida que
parecía cabalgaba por su propia cuenta.
Terminando la preparatoria, Aisha
decidió que no tenía sentido estudiar la universidad, tenía una posición
económica que le permitiría vivir tranquilamente el resto de sus días, además,
muy dentro de ella creía firmemente en que algún día vendría el príncipe de los
cuentos y la rescataría – Si, yo tendré mi cuento de hadas – Se repetía cada
que era engañada y convencida para entregar su cuerpo, su alma; o cada que
despertaba bañada en los sudores de un grupo de personas en un lugar extraño,
atontada por el alcohol y otras sustancias. Se levantaba, se vestía, tomaba su
bolsa y sacaba un botecito del que inhalaba una línea de coca repitiéndose “tendré
mi cuento de hadas”.
Ya no volvía a casa, ya no tenía
casa, su padre se había enterado de cada uno de los capítulos de “la vida loca”
de Aisha por boca de su mejor amiga, Brenda (Brenda follaba con el padre de
Aisha y planeaba quedarse con la fortuna que ella heredaría) y la había echado
de casa. La gota que derramo el vaso ocurrió durante uno de los viajes del
padre, Brenda convenció a Aisha de hacer una fiesta en su casa, una fiesta como
las que ellas acostumbraban asistir; donde personas dispuestas a dejar en la
puerta junto a sus abrigos, la moral, los prejuicios, el respeto por ellos y
desde luego por los demás; se reunían dispuestos a fornicar con una, con dos,
con todos; beber alcohol, consumir drogas, atontar momentáneamente la conciencia
y acariciar las profundidades de la depravación y los reales instintos
animal-humano. Pero ella, Aisha, pensaba que tal vez en ese medio, encontraría
después de todo al hombre que la salvaría; pues si ella a pesar de llevar esa
vida era buena y aún tenía una chispa de amor y decencia, seguramente algún
chico perdido también la encontraría.
¿Pero así no funciona la vida,
cierto? Su padre volvió antes de lo planeado, Brenda lo sabía, y este encontró a
orillas de la piscina a Aisha siendo penetrada por todos los orificios de su
cuerpo, enmarcada por otros cuerpos como siluetas negras fornicando como
perros, los gemidos parecían formar una sinfónica con total armonía que parecía
una película. El padre enloquecido lanzo como trueno un grito, corriendo a todo
mundo de su casa. Cuentan que incluso algunos salieron desnudos, vistiéndose
torpemente mientras abandonaban la gran casa. Y no habiéndose ido aun todos los
invitados el papá comenzó a golpear a Aisha como desquiciado, ella al principio
no se había dado cuenta de que era su padre quien la pateaba en el suelo e
insultaba como si ningún lazo los uniera. Brenda solo miraba la escena detrás
de una gran ventana. Un golpe más, muy cerca de la oreja y se fue a negros.
(Black out)
Ese fue el último día que piso la
casa que la vio crecer, la última vez que vio a su padre, a los empleados que
habían sido como su familia, y por supuesto la última vez que supo de Brenda.
De aquel día no recordaba gran cosa e intentaba no pensar en ello. Solo
recordaba que había despertado en el departamento de un tipo llamado Fernando
que a partir de entonces la había puesto a trabajar en una lujosa casa de
citas. Su vida no cambio mucho, seguía siendo la puta sin alma que siempre fue,
pero ahora no era hija de nadie, no tenía dinero, ni voluntad ni nada; era la
puta de un wey que la explotaba a cambio de un techo y drogas.
Hace un par de meses la noticia
revivió el recuerdo de Aisha en los que alguna vez la conocieron, en los que
alguna vez la admiraron y desearon. Su nombre salió en los periódicos y en los
noticieros; el cuerpo de la hija del magnate “tal” había sido encontrado en la
carretera hacia Tijuana, la habían encontrado en muy mal estado, casi
irreconocible…
Esta es una historia real le
sucedió a la amiga de un amigo. Aisha creyó siempre en el amor, aunque el amor
nunca toco su puerta ella siempre esperaba encontrarlo, quizá lo busco en
lugares incorrectos, quizá ahogo su alma en todas esas camas esperando a cambio
el chispazo que cambiara su suerte. Aisha no fue nunca una puta adicta al sexo,
ofrecía su cuerpo a cambio de un boleto para una rifa donde pudiera ganarse un
amigo honesto, un novio amoroso o la figura protectora con la que no había
nacido.
Pablo Hyena
Muy bueno el relato
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